Al fondo del valle caminamos entre altísimas palmeras canarias centenarias, limoneros e incluso guayaberos de dulce olor. El embalse, colmatado por los sedimentos de las lluvias torrenciales, ha sido colonizado por un apretado tarajal donde todavía puede escucharse en primavera a la cada vez más rara tórtola europea. En el cielo es fácil distinguir la silueta del guirre o alimoche canario.
Pasamos con cuidado sobre el muro de la presa para descender por el sendero que lleva a la bella ermita de la Virgen de la Peña, patrona de Fuerteventura con fama de milagrosa. La pequeña edificación blanca hace aún más espectacular este histórico desfiladero por donde ascendieron los primeros conquistadores europeos de la isla a comienzos del siglo XV.