Aguililla

Nombre común: Busardo ratonero o aguililla

Nombre científico: Buteo buteo ssp. insularum

Status: Frecuente y no amenazada.

Hábitat y distribución: Esta ave de presa se encuentra en toda Europa, el norte de África y gran parte de Asia. En su amplia área de distribución se han formado muchas subespecies o razas; en Canarias, donde es llamada “aguililla” o “aguellilla”, vive una raza un poco más pequeña y oscura que la mayoría de los ratoneros europeos. Ocupa áreas montañosas de Fuerteventura, desde barrancos y riscos a acantilados. También construye sus nidos en palmeras y árboles frutales. Las parejas son fieles a un mismo territorio durante muchos años.

Cómo reconocerlo: Rapaz robusta, planeadora, de alas anchas y cola corta. Generalmente se detecta primero al oído, al percibirse su lastimero grito o maullido que podría transcribirse como un “piuuuuh” fino y sostenido. Al buscar el origen del mismo podemos ver una o varias de estas águilas volando en amplios círculos en campo abierto o alrededor de alguna cima montañosa, donde nidifican. Tampoco es raro verlas posadas en  promontorios rocosos o incluso en postes de tendido eléctrico o de teléfono.

Curiosidades: Su población ha aumentado en los últimos decenios en Fuerteventura. Probablemente, una de las causas de ello sea la rápida colonización de la isla por parte de la ardilla moruna, que tuvo lugar a partir de la década de 1970, y que ahora es muy abundante. Es la única rapaz residente que le da caza, ya que para el cernícalo vulgar es una presa demasiado grande y el halcón tagarote solo captura aves en vuelo. Además de cazar mamíferos y pequeñas aves también se alimenta de todo tipo de animales muertos e incluso insectos.

Defienden ferozmente su territorio durante todo el año, incluso contra intrusos humanos. Si nos encontramos cerca del nido, no es raro que nos efectúen pasadas en vuelo rasante, dejándose caer en picado desde lo alto y volviendo a remontar  de forma vertiginosa después de haberse encontrado a pocos metros sobre nuestras cabezas. Estos ataques intimidatorios no llegan a más: las aves no agreden físicamente a las personas.